¿Cuál será el impacto de la pandemia en la economía mundial?

Hay varias maneras de influir en la economía mundial.

En primer lugar, los mercados están más integrados e interconectados, con una economía china que contribuye en un 16 por ciento al producto interno bruto mundial. Así, cualquier conmoción que afecte a China tiene ahora efectos mucho mayores en la economía global. 

En segundo lugar, las perturbaciones de la oferta debidas a la morbilidad y la mortalidad, pero también los esfuerzos de contención que limitan la movilidad y los mayores costes de la actividad empresarial debido a cadenas de suministro restringidas y un endurecimiento del crédito, afectarán a las economías, llevando a un menor crecimiento económico, o incluso a una recesión.

En marzo, la OCDE redujo su pronóstico de crecimiento económico mundial en 2020 del 2,9 al 2,4 por ciento, que sería el nivel más bajo desde la crisis financiera de hace una década, advirtiendo que una epidemia prolongada y más intensa de coronavirus podría incluso reducir esta cifra a tan sólo el 1,5 por ciento.

En tercer lugar, la demanda también caerá debido a la mayor incertidumbre, el aumento del comportamiento cauteloso, los esfuerzos de contención y el incremento de los costes financieros que reducen la capacidad de gasto.

Por último, hay una devaluación significativa del tipo de cambio con respecto al dólar EEUU, que también afectará a los países dependientes de las importaciones.

Los mercados mundiales de alimentos no son inmunes a estos acontecimientos. Sin embargo, es probable que se vean menos afectados que otros sectores más expuestos a las perturbaciones logísticas y al debilitamiento de la demanda, como el sector de los viajes, la industria manufacturera y los mercados energéticos (Fuente: Seguimiento de los mercados, AMIS, marzo de 2020). Sin embargo, dada la complejidad de las cadenas de valor alimentarias y la importancia del comercio y el transporte, esto podría volverlas muy vulnerables.

Si bien es probable que la COVID-19 represente una crisis deflacionaria para la economía mundial, que se refleja en las primeras tendencias detectadas por el Índice de precios de los alimentos de la FAO, a corto plazo el coste real de una dieta saludable podría aumentar debido al incremento del precio de los productos básicos perecederos, lo que tendría un efecto especialmente adverso en los hogares de menores ingresos y dificultaría alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. 

Este impacto, como se muestra en el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2019, será mayor en los países que dependen en gran medida de la importación de productos básicos. En este caso, el efecto negativo es más fuerte, ya que un aumento del 1 por ciento en la dependencia de la importación de productos básicos provoca un incremento medio de la subalimentación del 3,8 por ciento anual. Cuando el país depende de la importación de alimentos, se produce un aumento medio de la subalimentación del 8 por ciento al año. Además, el impacto de la demanda contribuirá a prolongar y empeorar las consecuencias.